Nunca puede darse un verano por perdido si ha servido para leer, por fin, El Quijote. Cuando en el mes de agosto comencé la lectura, aún no había terminado la de La Regenta y leía también, como a salto de mata, capítulos sueltos del tristísimo Libro del desasosiego. Así, casi por azar, convivieron en mi … Sigue leyendo Tras leer El Quijote
